La multinacional Unilever ratificó su intención de despedir a 65 trabajadores de la fábrica de jabones que tiene en Villa Gobernador Gálvez y el sindicato de jaboneros teme que esa decisión sea el primer capítulo de una avanzada para echar a más obreros y, eventualmente, cerrar la planta. El Ministerio de Trabajo santafesino instó a la firma a revisar las cesantías y advirtió sobre las consecuencias sociales del conflicto.

Representantes de la empresa y de los trabajadores se reunieron ayer en la sede local de la cartera para intentar acercar posiciones en el marco de la conciliación obligatoria dictada por esa dependencia el martes pasado. La próxima audiencia será el 13 de noviembre, cuando vence la tregua.

Los representantes gremiales denunciaron que la multinacional tensó el conflicto con el envío de cartas intimidatorias a los empleados. “Enviaron cartas en las que advierten que se vendrán momentos de tensión y que la empresa tomó medidas de seguridad que para que los trabajadores que no fueron despedidos puedan seguir trabajando”, se quejó Matías Rodríguez, secretario general del sindicato de jaboneros.

Más allá de lo expresado por la representación patronal, el dirigente sospechó que la empresa prepara más despidos y que “hay riesgo de que cierre la planta”.

Para Carlos Zamboni, abogado de los trabajadores, “no es casualidad que en medio del principal cordón industrial del país, una empresa multinacional planta un conflicto horas después del triunfo de Cambiemos y poco antes del mensaje del presidente Mauricio Macri sobre la reforma laboral, acá puede haber algo detrás y los trabajadores son rehenes de esta situación”.

Unilever, la gran multinacional que produce y vende artículos de marca como Hellmann´s, Dove, Rexona y Lux, comunicó al gremio hace una semana su intención de despedir a 65 obreros, sobre una plantilla de 200. No pidió procedimiento de crisis ni argumentó problemas económicos o financieros. Sólo se refirió a la necesidad de “aumentar la competitividad”.

Sobre siete establecimientos que tiene en el país, sólo comunicó despidos en el de Villa Gobernador Gálvez, lo cual alentó suspicacias políticas entre los funcionarios y gremialistas. Es más, hace dos semanas, la misma sede de la cartera laboral fue escenario de encuentros de rutina entre ejecutivos y gremialistas, en las que no hubo referencias a la necesidad de ajustar personal.

Según funcionarios de Trabajo, en el encuentro de ayer, los abogados de la multinacional ratificaron los despidos y aseguraron que no que con esa decisión la planta de la ciudad vecina a Rosario “quedaría equilibrada”.

Pero la explicación no conformó al gremio. “Los representantes de la empresa ratificaron una orden tomada en alguna mesa de Puerto Madero o quizás fuera del país, no sabemos cuál será el futuro de la planta, están importando jabones de Brasil”, señaló el abogado del gremio. Y agregó: “Tenemos claro que su plan es despedir y reemplazar producción nacional por importaciones”.

Señaló que Unilever “ni siquiera aceptó revisar casos particulares”, como el de Sebastián, un operario cuya tiene una hija con una enferma oncológica y que necesita trabajar para costear los onerosos tratamientos que requiere.

Del encuentro en Trabajo participaron el diputado provincial Carlos Del Frade y el senador provincial por Rosario, Miguel Capiello. Junto al Ejecutivo santafesino acordaron avanzar en gestiones ante el gobierno nacional para intentar revertir la decisión de la firma.

Del Frade lamentó que “la empresa desconoció la entidad del gobierno de Santa Fe” ya que “evidentemente se siente respaldada por el gobierno nacional y por la multinacional”. Recordó que presentó un proyecto en el que reclama embargar las cuentas de las multinacionales que despiden sin justificación económica y financiera. “Hay que catalogar el despido masivo como un delito social”, dijo.

Del Frade no dudó en subrayar el carácter “disciplinador” del conflicto de Unilever. “Este es el caso Acindar del siglo XXI”, dijo al recordar los despidos masivos que la siderúrgica puso en marcha en 1991, como parte de la ofensiva por la flexibilización laboral.

Capiello se refirió a la secuencia de crisis en la región tras el cambio de política económica. “Acá, encima, no están los que toman las decisiones, que no tienen idea del daño que van a causar”, dijo.

Trabajadores nucleados en la UOM, Luz y Fuerza, mercantiles, bancarios y distintas organizaciones sociales hicieron ayer el aguante a los obreros de Unilever, en la sede laboral. Todos avizoran otro tsunami de despidos y precarización. Todos corearon: “Somos trabajadores, queremos trabajar”.

Fuente: lacapital.com

Foto: brucemaudesign.com