Actualmente hay en el país poco más de 1.300 productores dedicados a la floricultura. Las principales producciones del rubro son los árboles y arbustos ornamentales, que constituyen el 46,4 por ciento del total cultivado; las plantas en macetas, que comprenden el 44,4 por ciento de la producción, y las flores de corte, que significan el 41,5 por ciento.

La floricultura es una de las actividades agropecuarias más intensivas que existen. Pueden trabajar entre 12 y 15 personas por hectárea cultivada. Y las producciones familiares, con una baja organización empresarial, tienen una importante incidencia en el sector. El 50 por ciento del total de producción florícola argentina se concentra en el segundo y tercer cordón del Gran Buenos Aires, especialmente en los municipios de La Plata, José C. Paz, Moreno, Escobar, Pilar, Exaltación de la Cruz, Florencio Varela y Berazategui.

La otra mitad de las plantas ornamentales y flores que se producen en el país se reparte entre las provincias de Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba, Salta, Jujuy y Tucumán.

Se calcula que el total de superficie destinada a la producción florícola es de 2.500 hectáreas, de las cuales sólo un 26 por ciento es dedicado a los cultivos bajo invernáculo, mientras que en el 76 por ciento restante se emplazan cultivos a cielo abierto.

El 99 por ciento de la producción nacional de flores se consume en el mercado interno, el mayor de Sudamérica junto con el brasileño. Desde la década del setenta sólo ha habido exportaciones puntuales de rosa, clavel, lisiantus, gypsofila, fresia, aster, bulbos de tulipán y, recientemente, peonía.

Las flores más demandadas tanto en el país como en el exterior son los tradicionales crisantemos, claveles y rosas. En maceta, la mayor producción la lideran aquellas para jardín, las de interior, seguidas por las florales y los arbustos. Según los especialistas, el incremento en la demanda de flores de corte y plantas ornamentales está relacionado con el crecimiento económico y el bienestar nacional.