De esta manera, Jorge Triaca y Julián Obliglio facilitaron el dictamen, aunque marcaron sus diferencias y dejaron abierta la definición para el recinto.

“La creciente fuga de divisas y la aparición de cotizaciones paralelas del dólar demuestran que el mercado no tiene ninguna confianza en este Gobierno”, señaló Obiglio, en un discurso igual de crítico que el de sus pares.

El dictamen del presupuesto terminó con la firma de 27 de los 39 presentes (hubo 10 ausencias), ya que además de los aportes "en disidencia del Pro" y de Marcelo López Arias, pusieron la rúbrica sin aclaraciones los aliados de Nuevo Encuentro, el bloque de la Concertación y el Frente Cïvico Santiagueño.

El triunfo le permite al Gobierno que el proyecto oficial se trate en primer término en la sesión, en la que cree contar con los votos para su aprobación en general y apuesta a garantizar el triunfo en la discusión en particular, donde teme perder algún artículo.

Los cálculos iniciales le dan al bloque K un máximo 118 votos, once menos que la mayoría. Pero con la oposición dividida, para ganar en el artículo por artículo necesitarían que sólo una parte ocupe el recinto y no se una para votar en contra.

El debate en comisión adelantó ese escenario: la oposición se repartió en tres dictámenes distintos, pero sólo el de la Coalición Cívica, promovido por Alfonso Prat Gay, contó con presupuesto alternativo y planillas del caso.

El proyecto de Presupuesto calcula un crecimiento del 5,1 por ciento, una inflación de 9,1 y un dólar promedio en 4,40 pesos, cifras que para la oposición son ficticias.

“El Gobierno estima una inflación del 9.2 por ciento, pero en sus cálculos reconoce una inflación más alta que estaría estimando un 16 por ciento”, se lamentó Prat Gay, que estimó en su proyecto una suba de precios del 20 por ciento.

El proyecto de Prat Gay asigna 19 millones de pesos a jubilaciones, un 25 por ciento más de fondos destinados a la Asignación Universal por Hijo y 1500 millones para el cumplimiento de la ley de bosques.

También propone aumentar el mínimo no imponible acorde a la inflación, reducir el presupuesto destinado a Aerolíneas Argentinas y ahorrar la publicidad oficial en Fútbol para Todos.

El radicalismo, que el 10 de diciembre seguirá siendo la primera minoría, fue y vino en varias posiciones y anticipó así que la derrota del 23 de octubre le ocasionó graves problemas en su conducción.

Miguel Giubergia, vicepresidente de la Comisión de Presupuesto, había anunciado el lunes que los siete radicales que la integran firmarían el proyecto “en disidencia parcial”, pero anoche cambiaron de estrategia, justo después de que Federico Pinedo adelantara que ésa sería la postura del Pro. Evitaron –o intentaron hacerlo- quedar como obstructores del gobierno y ser acusados de cómplices.

Pinedo justificó su decisión en la necesidad de no obstaculizar la llegada del proyecto al recinto, lo que sólo hubiera ocurrido si los 25 opositores no asistían a la sesión o se ausentaban al momento de votar.

Pero esas opciones fueron improbables ante el nulo diálogo que existe hoy entre los bloques opositores, renuentes a repetir una estrategia en común como hicieron durante 2010, justamente hasta la frustrada discusión por el presupuesto.

Los diputados del Frente Amplio Progresista mostraron unidad y emitieron un despacho común, firmado por Alicia Ciciliani (socialismo) y Horacio Alcuaz, con objeciones al proyecto oficial y siete puntos que piden considerar.

El texto calcula la inflación en un 20 por ciento y propone la creación de comisiones bicamerales para debatir una reforma impositiva, indagar el origen de la deuda externa y auditar el sistema de gastos y subsidios.

Los tres diputados presentes del peronismo federal no se sumaron a ningún dictamen (Eduardo Amadeo, Gustavo Ferrari y Alberto Pérez) y avisaron que buscarán una posición común para la votación en general.

El kirchnerismo definirá ahora cuando convoca a la votación, que en primer término tenía prevista para el miércoles próximo. Fuentes del bloque señalaron a LPO que sólo la postergaría una semana más si sus referentes consideran necesario puntear mejor a votación en particular.

Para eso buscarán los puntos en comunes entre los dictámenes alternativos y sondearán si, como ahora parece imposible, existe alguna posibilidad de que el resto del recinto se una para impulsarlos en el debate en particular. Sólo de esa manera podría arriesgarse una parte del triunfo que el kirchnerismo parece tener en sus manos.

Si se aprueba la semana que viene, en el Senado no descartan apurar su sanción el 30 de noviembre, para evitar hacerlo en extraordinarias, donde de todos modos el kirchnerismo contaría con una mayoría más holgada. Con esa expectativa, el Senado postergó la sesión convocada para el miércoles próximo.