Aunque acompañó a Néstor Kirchner desde la primera fila, junto a los defensores más fervientes, reconoce que se distanció cuando no pudo convivir con la posición de Cristina Fernández sobre la Barrick. La presidenta, en 2008, vetó la Ley de Glaciares (que había sido votada por unanimidad en el Congreso) y que el año pasado fue reformulada tras un acuerdo entre el propio Bonasso y el senador Daniel Filmus.

“Es probable que la presidenta tenga intereses en común, no conozco el momento en que le dieron el cheque ni por cuanto es el cheque pero evidentemente hay corrupción estructural detrás de todo esto pero lo más grave, siendo gravísimo y debiendo ser penado, no es la corrupción si no lo que se está entregando: soberanía impositiva (el acuerdo tributario, delegando la capacidad de cobrar impuestos) y soberanía territorial”, acusa.

Aunque su investigación llegó a las librerías hace poco más de un mes, asegura que “hay una orden de arriba de no contestarme, generalizada, que abarca a todos: cómo le explican a los intelectuales de Carta Abierta y a los chicos de La Cámpora que este proyecto es mucho más entreguista que el de (Carlos) Menem. O sea, que es la continuación de Menem por otros medios pero es peor. ¿Cómo le explican eso a los militantes?”.