Para su cierre de campaña, Carrió eligió un pequeño salón del lujoso hotel Sofitel. La líder de la Coalición Cívica fue la única oradora. En primera fila estuvieron otros dirigentes de la fuerza, su compañero de fórmula Adrián Pérez, la primer candidata a diputada por la Ciudad, Patricia Bullrich, y Mario Llambías, primer candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, según publicó el diario Clarín.

“Les pido el voto para todos nuestros candidatos a legisladores y concejales porque son extraordinarios. Ellos son los que van a asegurar que no haya poder absoluto y que la vida y el honor queden en manos de Cristina Kirchner ”, arengó Carrió. En tren de repartir palos, también planteó que la juventud no debería tener de modelo a “los setentistas fracasados y violentos”.

Carrió –vestía un vestido floreado y un chal rojo– también llamó a “resistir”. Y enseguida agregó: “Tenemos que estar, tenemos que dar testimonio. Tiene que haber otra fuerza pequeña pero distinta.

La humanidad espera de nuestro testimonio. Servir a Dios tiene muchas exigencias, pero es maravilloso vivir la vida de Cristo”.

Ese tono místico también estuvo presente en el final del discurso. “A lo mejor es preciso que alguien muera para que todo florezca, a lo mejor me toca a mí, en buena hora”, remató.