Por qué apoyamos a Hermes Binner

En pocos días se volverá a votar para elegir las autoridades del gobierno nacional y se cumplirán 28 años de la recuperación de la democracia en la Argentina. Para una historia plagada de dictaduras, discordias civiles y proscripciones, representa una victoria de todo nuestro pueblo el que estas casi tres décadas hayan transcurrido en el marco de las libertades públicas. Ya no hay tutelaje militar, las instituciones funcionan y se afirma la vigencia de los derechos humanos. Estas conquistas no tienen propietarios ni titulares: son muchos/as los/as que han cooperado para alcanzarlas. Existen, no obstante, deudas pendientes, vicios antiguos y problemas nuevos que conspiran contra la posibilidad de establecer una sociedad más justa, pluralista y democrática.

Persiste una gran deuda social. A pesar del crecimiento económico a tasas formidables de los últimos ocho años, la disparidad en el acceso a los derechos económicos y culturales es dramática y millones de argentinos y argentinas viven en la pobreza y aun en la indigencia. Los planes de asistencia que el Estado ha brindado en los últimos años trajeron alivio para muchas familias, pero no acortaron sustantivamente la brecha entre ricos y pobres. Esos planes tampoco pueden constituir el corazón de la política social. Si se aspira a revertir el patrón de la desigualdad y dejar atrás la indefensión de los pobres y el clientelismo político, son imprescindibles reformas profundas que den sostén a la autonomía del/la ciudadano/a y al ejercicio de los derechos sociales para todos y todas. Después de una década de neoliberalismo, el Estado ha retomado un papel activo en la vida económica y social, pero sigue funcionando de manera ineficiente, manejado por el poder de turno arbitrariamente y con escasos controles.

La acción del actual gobierno propende a la concentración del poder y no favorece la afirmación de las instituciones de deliberación, gestión y control. Se desalienta el desarrollo de formas efectivas de participación ciudadana. El debate público se encuentra jaqueado por visiones maniqueas del presente y el pasado argentinos; vuelve a cernirse sobre nuestra vida política la tentación del pensamiento único convertido en doctrina estatal. La complejidad del proceso en curso resulta simplificada y distorsionada por un discurso que tiende a la polarización permanente de nuestra sociedad, como si no hubiera espacio más que para el antagonismo sistemático. Esta lógica es adversa al afianzamiento de una democracia que reconozca no solamente la diversidad de intereses, sino también la pluralidad de puntos de vista respecto del bien común. La arbitrariedad y la corrupción en el manejo de los asuntos públicos son vicios antiguos entre nosotros, pero se han agudizado en el contexto actual de bonanza económica.

Por todas estas razones los y las abajo firmantes apoyamos la postulación a presidente del doctor Hermes Binner. Su candidatura ha encendido la esperanza de un gobierno democrático y progresista, honesto y respetuoso del pluralismo político. Como intendente de Rosario, primero, y como gobernador de Santa Fe, después, Binner ha demostrado sensibilidad frente a la injusticia, manos limpias ante el flagelo de la corrupción y disposición al diálogo con todas las fuerzas nacionales, sin renunciar a sus convicciones. La Argentina necesita de las cualidades de este dirigente socialista de principios firmes, vocación de reformas y aptitud para la convivencia democrática.