El anteproyecto de ley, redactado por el ministerio de economía de ese país, también contrasta con los recortes que el gobierno argentino dispuso sobre los subsidios, y los sucesivos anuncios de aumentos en tarifas de servicios públicos, ABL y taxis, entre otros.

El mecanismo para implementar la propuesta es mediante tarjetas de crédito y débito. Según fue publicado en el diario El Observador, el sistema consistirá en una devolución a los usuarios una vez que realicen sus pagos del estado de cuenta. Esto, a su vez, ayudaría a la formalización de la economía ya que todas las transacciones quedarían registradas en la DGI, lo que obliga inevitablemente a las empresas a registrar sus ventas.

Por otro lado, la eliminación total del IVA que gozarán las personas de menores recursos se realizará a partir de un registro de población en situación de pobreza que realizará el Ministerio de Desarrollo Social, el cual estará listo para enero del 2012. A partir de ahí, las personas que se encuentren inscriptas en ese padrón gozarán de una tarjeta de débito otorgada por el mismo ministerio para poder comprar artículos de primera necesidad a un menor precio.

Lo que para algunos esta medida implica un avance en la bancarización del público, para el presidente uruguayo fue en un primer momento un motivo de rechazo. Y es que Mujica al parecer asociaba tarjetas de crédito a un mayor endeudamiento, y, por otro lado, “no quería que volviera a reproducirse la experiencia del pollo y el Cofis, donde las ganancias no iban para la gente y terminaban chupándoselas las cadenas” de supermercados, indicó el ex tupamaro.

Algo similar sucedió en Argentina durante la presidencia de Néstor Kirchner, cuando la inflación estaba en niveles significativamente menores a los actuales. El entonces ministro de economía Roberto Lavagna amagó a realizar una jugada similar, que finalmente no prosperó y le permitió a los supermercados convalidar un nuevo aumento de precios.

Los especialistas consideran que una política de este tipo no necesariamente tiene los efectos buscados. Marina Dal Poggetto, del estudio Bein y Asociados, explicó que “una vez que los precios están fijados, un descenso de los precios en base a una reducción en el IVA no es tan evidente”. Y agregó que el problema de fondo pasa porque en todos estos años el Estado “no buscó una mayor eficiencia” para la recaudación de los tributos. "La discusión pasa por ver cómo se termina plasmando la baja de ese impuesto" expresó.

Dal Poggeto comentó que el sistema tributario actual argentino es claramente regresivo, porque se basa en impuestos al consumo como el IVA, que son fáciles de recaudar pero proporcionalmente pagan más los pobres. Pero además el impuesto al cheque, claramente distorsivo y pensado en su momento como "de emergencia", continúa vigente.

"Actualmente en la Argentina algunos productos básicos como el pan y la leche tienen una carga del 10 por ciento" aclara la economista. Es decir que quienes destinan la mayor parte de su ingreso a estos productos lo pagan a un precio significativamente menor. Sin embargo asegura que aún quedan muchos temas pendientes para discutir los impuestos actuales, que incluyen las paritarias y los gravámenes a las ganancias.

En ese sentido, Uruguay se encuentra un paso delante de la Argentina, ya que en los años 2005 y 2006 el gobierno realizó una reforma del sistema tributario, que le permiten tener “consistencia” con la propuesta de reducción del IVA. A eso se le debe sumar los niveles bajos de inflación en el país vecino, lo cual permite dar un mayor margen para su aplicación no termine diluyéndose.

Esto fue lo que, para Dal Poggetto, estuvo ausente en la sociedad argentina. “El debate tiene que darse cuando hay crecimiento y superávit”, opinó. Y los números actuales muestran que el período de bonanza parece haberse agotado.