Árboles caídos, calles inundadas, muelles arrastrados por violentas olas y unas 90.000 personas sin electricidad eran parte de los primeros daños que producía este ciclón en su arribo a Estados Unidos, después de haber dejado cinco muertos y pérdidas millonarias en el Caribe la semana pasada.

Residentes en zonas alejadas del mar también sentían la mañana del sábado el impacto del ciclón que atraviesa el Atlántico estadounidense, una de las zonas más pobladas del mundo, con unos 65 millones de habitantes.

"Hasta ahora vamos bastante bien", informó Kathryn Bryan, una portavoz de los servicios de emergencia en el condado de Dare en Carolina del Norte, poco antes de que el ojo de Irene entrara a tierra.

El presidente Barack Obama, que exhortó a los estadounidenses a "tomar en serio esta tormenta" cuyas proporciones podrían ser "históricas", interrumpió sus vacaciones en Massachusetts  y regresó a Washington anoche, poco antes de la medianoche.

"Insisto en que si se encuentran sobre la trayectoria prevista del huracán, deben tomar precauciones desde ahora. No esperen", dijo el mandatario en una alocución.

El ciclón se debilitó a categoría uno en la escala de cinco niveles Saffir-Simpson, pero sigue siendo una amenaza cuando se dirige sobre la costa este para pasar mañana por Washington, Nueva York y Boston, acompañado de olas de entre 3 y 4 metros de altura.

"Se prevé que el huracán se mueva cerca o sobre las costas del Atlántico esta noche y se dirija sobre el sureste de Nueva Inglaterra el domingo", agregó el NHC, al recomendar a Canadá monitorear el ciclón que podría cruzar la frontera.

A las 8 (hora local), Irene se encontraba a 10 km al noreste de Cabo Lookout y a 100 al suroeste de Cabo Hatteras, ambas localidades en Carolina del Norte.

Aún bajo los efectos que dejó el huracán Katrina en Nueva Orleans en 2005, las autoridades temen que el huracán se acompañe de inundaciones, cortes de energía eléctrica y destrucción estructural que podrían costar hasta 12.000 millones de dólares, según estimaciones de expertos.

Desde Carolina del Norte hasta Massachusetts, las autoridades decretaron el estado de emergencia y lanzaron alertas de huracán, y decenas de miles de personas han recibido la órden de evacuar las costas.

En Washington, los habitantes se aprovisionaban con reservas de agua y generadores eléctricos en los supermercados.

Las fuerzas armadas disponen de 101.000 miembros de la Guardia Nacional para afrontar la emergencia.

La marina envió al mar todos sus barcos amarrados en el puerto de Hampton Roads, Virginia, porque navegando son menos vulnerables a las tormentas.

"No hemos conocido una amenaza de huracán como ésta desde hace décadas", admitió Chris Vaccaro, portavoz de los servicios meteorológicos.

Como un verdadero "monstruo", Irene tiene un diámetro de 820 km, es decir, cerca de un tercio del equivalente del total de la costa este estadounidense (2.675 km), según una estimación de la Nasa realizada a partir de satélites.

El noreste de Estados Unidos escapa habitualmente a estas depresiones. Gloria, en 1985, fue el último huracán que afectó a Nueva York.