Fue 6-2, 6-7 (2-7), 3-6, 6-4 y 6-3 en casi cinco horas de juego, tiempo en el cual se evidenció el cansancio físico del argentino, sumado a algunas molestias. A pesar de eso, el tandilense hizo un buen partido y la luchó hasta donde pudo. Lástima que se encontró con un Ferrer encendido que salió a buscar el triunfo de entrada.

El de Javea se hizo fuerte desde el principio y se adjudicó el primer set por 6-2 gracias a la solidez de su derecha. Mientras tanto, Delpo se acomodaba en el polvo de ladrillo tan cuestionado de Sevilla.

Sin embargo, la Torre se despertó y con su saque eficaz y el mejoramiento en sus tiros, se llevó el segundo por 7-6, siendo ampliamente superior en el tie break (7-2).

Fue un empujón favorable para el argentino, quien con dos quiebres en el sexto y en el octavo game logró quedarse con el tercer parcial: un 6-3 que parecía indicar que lo que estaba por venir iba a seguir el mismo camino. Pero no fue así.

El local reaccionó y sacó provecho de un Del Potro cuya constancia conseguida minutos antes pareció esfumarse así de la nada. Se le escapó 6-4 y el partido otra vez se ponía caliente.

El quinto set fue apabullante. Ferrer salió a matar o morir y tuvo su recompensa. Se puso 5-1 arriba y sólo dejó que el tandilense se acercara un poquito más para finalmente cerrarlo 6-3.

Alegría para los españoles y una tristeza absoluta para el equipo argentino, que no se esperaba estos dos baldazos de agua fría en la primera jornada.

Pero no hay tiempo para lamentos: mañana es el turno del dobles y sólo queda rezar para que David Nalbandian y Eduardo Schwank se conviertan en los verdugos de Fernando Verdasco y Feliciano López. Al menos para forzar el cuarto punto. Al menos para seguir soñando.